Alexis Montilla junto a Andreina Dugarte, reflejo de una visión compartida entre legado, emprendimiento y futuro
El creador de algunos de los espacios culturales más emblemáticos de Venezuela fallece dejando un legado que trasciende el turismo y alcanza la identidad colectiva, el emprendimiento y la educación. Su último proyecto apuntaba a la expansión educativa con Witup en Venezuela y Colombia.
Desde Witup lamentamos profundamente el fallecimiento de Alexis Montilla, confirmado el 17 de abril de 2026, una figura clave en el desarrollo del turismo cultural en Venezuela y un referente empresarial cuya visión dejó una huella imborrable en Mérida y en todo el país.
Su trayectoria, marcada por la creación de espacios emblemáticos como Los Aleros, La Venezuela de Antier o La Montaña de los Sueños, trasciende el ámbito turístico para situarse en el terreno de la memoria, la identidad y la construcción de experiencias que han acompañado a generaciones de venezolanos.
Empresario, creador y visionario, Montilla fue mucho más que el impulsor de proyectos emblemáticos como Los Aleros, La Venezuela de Antier o La Montaña de los Sueños. Fue, ante todo, una figura capaz de convertir la identidad de un país en experiencia viva, en relato compartido y en legado duradero.
Hay trayectorias empresariales que se miden en cifras. Otras, más raras, se miden en recuerdos. Alexis Montilla pertenecía a esta segunda categoría: la de quienes no solo construyen proyectos, sino también emociones, relatos compartidos y formas de entender un país.
Su fallecimiento ha provocado una reacción que va más allá del ámbito empresarial o turístico. En Mérida, donde desarrolló gran parte de su obra, la noticia se recibió como la pérdida de una figura que había sabido traducir la memoria colectiva en experiencias vivas, tangibles y profundamente humanas.
Montilla fue el impulsor de espacios como Los Aleros, La Venezuela de Antier o La Montaña de los Sueños, proyectos que no solo redefinieron el turismo cultural venezolano, sino que también consolidaron una manera singular de narrar el pasado: no como algo estático, sino como una vivencia.
El arte de convertir la nostalgia en experiencia
Quienes visitaron sus parques no acudían únicamente a observar, sino a participar. A caminar por calles reconstruidas, a escuchar historias, a reconocerse en una identidad compartida. Montilla entendió algo que no siempre resulta evidente en el ámbito empresarial: el valor no está solo en lo que se ofrece, sino en lo que se despierta.
Su obra funcionó como un puente entre generaciones. Un espacio donde el pasado no se idealizaba sin más, sino que se reinterpretaba desde la emoción, el detalle y el respeto por la memoria. Esa capacidad de conectar con lo esencial explica, en parte, la dimensión de su legado. No se trataba únicamente de atraer visitantes, sino de generar pertenencia.
Una visión empresarial que no se detenía
Lejos de acomodarse en el reconocimiento, Montilla mantuvo hasta el final una actitud activa, abierta a nuevos proyectos y a nuevas formas de entender el desarrollo empresarial. Su trayectoria no se cerraba sobre sí misma, sino que seguía proyectándose hacia el futuro.
Dentro de esta filosofía vital se enmarca uno de los episodios más significativos de sus últimos días. Apenas dos jornadas antes de su fallecimiento, trabajaba en la formalización de un acuerdo para impulsar un nuevo proyecto en el ámbito de la educación digital.
La iniciativa contemplaba la apertura del mercado educativo en Venezuela y Colombia a través de la plataforma Witup, un modelo centrado en la digitalización de academias, la organización del profesorado y la creación de entornos de aprendizaje más accesibles y estructurados.

Aunque el acuerdo no llegó a materializarse, el hecho de que formara parte de su agenda inmediata ofrece una imagen clara de su carácter. Incluso en los últimos momentos, seguía pensando en crear, en expandir y en abrir nuevas oportunidades.
Entre la cultura y la educación
La posible colaboración con Witup no era un movimiento aislado, sino coherente con una trayectoria que siempre buscó conectar ámbitos distintos: turismo, cultura, empresa y, finalmente, educación.
La inteligencia artificial, la educación digital y las plataformas de clases online están transformando el sector educativo. Su interés por este modelo reflejaba una comprensión profunda de hacia dónde se dirige el futuro.
Más que un cambio de sector, se trataba de una continuidad: seguir construyendo espacios —en este caso, educativos— donde las personas pudieran desarrollarse, aprender y proyectarse.
Ese paso, aunque no se concretara, simboliza una transición natural desde la memoria hacia el conocimiento, desde la experiencia cultural hacia la formación.
La continuidad de una visión
Adquiere especial relevancia en esta situación la figura de Andreina Dugarte, sobrina del empresario y directora de expansión de Witup para Venezuela. Su papel representa no solo una continuidad familiar, sino también la adaptación de esa visión a nuevos entornos y herramientas.
La expansión de modelos educativos digitales en América Latina, especialmente en países como Venezuela y Colombia, plantea retos importantes, pero también oportunidades significativas. La posibilidad de estructurar academias, conectar profesorado y facilitar el acceso al aprendizaje forma parte de una transformación en marcha.
En ese escenario, la conexión entre el legado de Montilla y proyectos como Witup adquiere un significado simbólico: el de una visión que no se detiene, sino que evoluciona.
Un legado que trasciende los espacios físicos
Reducir la figura de Alexis Montilla a sus proyectos más visibles sería quedarse corto. Su aportación va más allá de los espacios que creó. Tiene que ver con una forma de entender la empresa como herramienta para preservar, conectar y construir.
En un entorno donde muchas iniciativas se miden por su rentabilidad inmediata, su trayectoria recuerda que también es posible generar valor desde la identidad, la cultura y la emoción. Ese enfoque, lejos de ser una excepción, ha demostrado su capacidad para perdurar en el tiempo y adaptarse a nuevas realidades.
La huella de quienes construyen futuro
Las necrológicas suelen mirar hacia atrás. En este caso, sin embargo, resulta inevitable mirar también hacia adelante. No solo por los proyectos que deja en funcionamiento, sino por los que quedaron esbozados en sus últimos días.
La educación digital, la digitalización de academias y el crecimiento del profesorado online forman parte de un ecosistema en expansión. Que Montilla se interesara por este ámbito en el tramo final de su vida habla de una mentalidad que no se agotaba en lo ya construido.
Su legado, en ese sentido, no es únicamente material o empresarial. Es también una invitación a seguir pensando en términos de creación, de conexión y de futuro.
Más que una despedida
Desde Witup, este homenaje quiere reconocer no solo una trayectoria, sino una forma de estar en el mundo. La de quienes no se limitan a desarrollar proyectos, sino que buscan generar impacto, abrir caminos y dejar algo que permanezca.
La familia Montilla, con Alexis Montilla Lulu al frente de la continuidad de los proyectos, y Andreina Dugarte en la expansión hacia nuevos horizontes, representa esa transición entre legado y futuro.

En momentos como este, las palabras tienden a quedarse cortas. Pero hay una idea que resume bien lo que fue y lo que deja Alexis Montilla: Hay personas que fundan empresas. Y hay personas que fundan memoria, identidad y futuro. Alexis Montilla fue una de ellas.
